Se despertó a las siete.
No jadeando. No buscando un vaso de agua con manos temblorosas. No tumbada en la oscuridad con un sueño pesado sobre el pecho.
Simplemente se despertó, como quien se despierta después de haber dormido bien por primera vez en mucho tiempo, lenta y completamente, con la luz filtrándose por la cortina en una fina línea que cruzaba el techo y la ciudad haciendo sus tranquilas cosas matutinas afuera.
Se quedó quieta un momento y se hizo un balance.
Estaba cansada. Era cierto