—Ponla —dijo Dominic.
Helena bajó las escaleras con una grabadora pequeña en la mano, del tipo antiguo, con botones grandes y una cinta adentro. La dejó sobre la mesa de centro como si pesara mucho más de lo que parecía.
—Antes de que la escuchen —dijo Helena—, quiero que sepan algo. No la grabé para protegerlos a ustedes. La grabé para protegerme a mí. Eso también es parte de la verdad.
—No nos importa por qué la grabaste —dijo Mara—. Ponla.
Helena se quedó parada frente a la mesa un segundo má