—Qué cosas —dijo Mara. Su voz salió más firme de lo que sentía por dentro.
Helena la miró desde el otro lado de la sala. No con crueldad. Eso habría sido más fácil de soportar. La miraba con algo parecido a la lástima, y eso era peor que cualquier otra cosa.
—Siéntate —dijo Helena de nuevo.
—No —dijo Mara—. Habla primero. Después decido si me siento.
Dominic estaba a su lado, muy quieto. Ella sintió toda su atención puesta en su madre, cada músculo de su cuerpo listo para el próximo golpe.
Helen