La abogada llegó a las dos y media.
Se llamaba Dara Obi. Tenía unos cuarenta y tantos años, era delgada y de rasgos definidos, con un rostro que no revelaba nada en el ámbito profesional, pero sí lo hacía todo en el personal. Mara la había conocido en una conferencia de derecho médico hacía tres años y, en los primeros veinte minutos de conversación, supo que era el tipo de abogada que se dedicaba a la profesión porque creía firmemente que la verdad tenía derecho a ser escuchada. No todos los a