—Este es el lugar —dijo Clara, girando en círculo en medio del jardín botánico, sus brazos extendidos—. No me discutan. Ya sé que es este.
Mara miró alrededor, dejando que la imagen se asentara. Árboles altos formaban un techo natural sobre un camino de piedra que llevaba hasta una fuente antigua.
—Es hermoso —dijo Mara, algo cálido instalándose en su pecho.
—Es más que hermoso —dijo Clara—. Es perfecto. Miren la luz que entra por ahí en la tarde. Va a ser exactamente la hora dorada cuando di