Mara regresó al apartamento de Clara en veinte minutos.
Adrián la acompañó. Ella no se lo había pedido y él no se había ofrecido. Simplemente se subió al taxi con ella y ella no le dijo que se bajara, lo cual, en sí mismo, era una respuesta.
Clara estaba sentada a la mesa de la cocina con su portátil abierto y tres pestañas del navegador visibles desde el otro lado de la habitación. Tenía esa mirada que ponía cuando encontraba algo, no precisamente emocionada, sino más bien la quietud concentra