Llegó al restaurante cinco minutos antes.
No porque estuviera ansiosa. Porque hacía mucho tiempo que había aprendido que entrar en una habitación antes de que la otra persona te sirviera algo, llegar segundo, nunca daba la oportunidad. Podías elegir tu asiento. Podías acomodarte en el lugar. Podías ser la que ya estaba allí cuando entraran, lo que significaba que podías observar su rostro en ese instante de descuido antes de que se dieran cuenta de que los estabas mirando.
El restaurante en la