Bajó la mirada al suelo, pero al volver a levantarla hacia la puerta, se volvió casi desorbitada y sonreía inquietantemente.
Se le hizo agua la boca mientras sentía ese asfixiante y silencioso dolor en el pecho. Se estremeció al imaginar la escena y escuchar los gritos de indescriptible placer adentro.
Recordando en dónde se encontraba, trató de controlarse. Afortunadamente había sido a tiempo, al girarse, un hombre con unos documentos bajó del elevador.
Aparentemente distraído y cansado