Me senté detrás del escritorio, sintiendo el peso de la responsabilidad en mis hombros. Coloqué mis manos sobre mi cara y exhale fuerte, tratando de calmar mis nervios. Sabía lo que me esperaba. Esto me causaría jaqueca si me sobrepasaba, no podría lidiar con todo y menos si no tenía la menor idea de lo que tenía que hacer.
El teléfono en el escritorio sonó, sobresaltándome. Tomé el auricular y la voz del otro lado de la línea habló. —Ven — ordenó con un tono seco. Me pare de inmediato para en