— Si sabes que ella ha venido para entrar en tu vida de nuevo... — dije, convencida de lo que ella quería, aunque no necesitaba mencionar sus intenciones. La mirada de Emir se endureció, y su voz se convirtió en un hielo que me envolvió.
— Lo sé — respondió Emir con tono glacial, desprovista de cualquier emoción o calor humano. — Y no importa lo que ella quiera. No tiene cabida en mi vida. Y nunca la tendrá. — Su convicción era absoluta, y su determinación me hizo sentir que no había espacio pa