Emir
—Así que vas a casarte —dijo Aria, hablando de algo que no era de su incumbencia. Su tono era suave y aparentemente calmado, pero podía sentir la ironía y el desprecio detrás de sus palabras.
Me encogí de hombros, sin prestar demasiada atención a su comentario. Sabía que estaba tratando de provocarme, de hacerme reaccionar de manera que me pusiera en desventaja.
—Creí que tenías mejores gustos —continuó Aria, dándose aires de grandeza—. Las secretarias incompetentes no te van.
Me reí inter