Mientras el avión comenzaba a descender, miré por la ventana y vi el paisaje cambiar. La vista de las aguas turquesas y las playas blancas me tomó el aliento. Me sentí emocionada de estar por llegar a nuestro destino, y no sabía qué esperar. Emir me sonrió y me tomó de la mano, como si supiera que estaba nerviosa.
— Estás bien, ¿verdad? — Sí, estoy bien — respondí — Él me apretó la mano.
Después de recoger nuestro equipaje, Emir me llevó a un coche que nos esperaba. Nos dirigimos a nuestro des