Emir tomó mis manos y quitó lentamente el marco de mis dedos, con una delicadeza que me sorprendió. Lo miró detalladamente, como si estuviera despidiéndose de un recuerdo del pasado. Luego, dio media vuelta y caminó hasta quedar enfrente del cesto de basura, donde lo tiró sin miramientos.
—Es alguien sin importancia, es cosa del pasado— afirmó, regresando a mí con una expresión seria.
Me tomó entre sus brazos y me dio un beso en la frente, su tono denotaba preocupación. —¿Has venido sola a la