La noche cayó con una lentitud casi insoportable. Las horas parecían arrastrarse mientras Rune se movía por el pequeño apartamento, seguro de que su «heroísmo» estaba abriéndole espacio para que poco a poco entrara en lo más profundo de mi ser.
Mis pensamientos eran un caos mientras repasaba una y otra vez la situación. El teléfono vibró en mi bolsillo, rompiendo la monotonía de los halagos de Rune. Me disculpé con un gesto para ir al baño, donde podría leer el mensaje sin interrupciones, sin c