El silencio en el auto era casi sofocante mientras Rune me conducía lejos del supuesto lugar de mi secuestro. Intentaba aparentar calma, pero mis pensamientos eran un torbellino. Sentía su mirada sobre mí cada tanto, intentando medir mis reacciones, analizar cada gesto mío como si fuera un libro abierto. A pesar de mi aparente vulnerabilidad, estaba lejos de sentirme indefensa. La actuación debía ser impecable; no podía permitirme un error.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente, rompiendo el silen