El rostro de mi padre se endureció al escuchar mis palabras. Su expresión, que usualmente era tranquila y calculadora, ahora estaba teñida de incredulidad y enojo. No era común verlo perder la compostura, pero esta vez, parecía estar al borde de hacerlo.
Y no era para menos, pues, se estaba dando cuenta de la cantidad de mentiras con las que había lidiado sin saber durante estos años.
—¿De verdad Nessa y Rune hicieron eso? —Sus ojos estaban clavados en los míos mientras buscaba alguna señal de