Libérameer - La suerte no existe
El hombre la miró con interés, hasta que ella, avergonzada por la situación tan extraña, cedió al bajar la cabeza a sus pies sucios y desnudos. Estaba hecha un desastre.
—Soy el oficial Rivera, señora —dijo él, aclarándose la garganta un par de veces ante el pasmo mal disimulado de Ana.
—Vania Doskas. Lamento…
—Es necesario que me brinde detalles sobre…
Una mujer policía entró en ese momento, interrumpiendo sus palabras, pero la mirada de esta se llenó de r