Alexander gruñó satisfecho por los sonidos que emitía la enfermera. Se había dado cuenta de que después de todo, no era tan terrible permanecer hospitalizado y menos, si recibía tan buena atención del personal femenino del lugar.
Escuchó un fuerte golpe contra la puerta de su habitación, lo que provocó que la mujer, a la que le saboreaba uno de los pezones, y la que ya había disfrutado de un orgasmo solo con su boca, estuviese a punto de caer sobre su trasero al incorporarse.
—Doctora… —susurr