Alexander empezó a toser y Javier se acercó preocupado a auxiliarlo, pero él negó para que no lo hiciera. Pasó un buen rato antes de que pudiese hablar con normalidad y la risa no se lo hacía más fácil.
—Eres un imbécil —se burló cuando pudo hablar de nuevo—. No sabía que ahora asustabas a las mujeres. Andrea sí que te ha jodido.
—¿No te acuerdas de ella? —Javier abrió la boca y luego negó incrédulo.
—¿Hablas de Darla? Es la doctora que tu madre mencionó en la cena del otro día. La casquivana —