El escozor en las rodillas era lo único que sentía en su cuerpo al disminuir su veloz carrera. Podía deducir que hacía frío por las pocas personas que se encontró en la calle, quienes caminaban más aprisa, cubriéndose como podían de las finas gotas de agua que caían sobre ellos, pero ella no lo sentía.
La única sensación que la embargaba, era la imperiosa necesidad de cerciorarse de que ambas estuvieran allí y que nadie las había seguido. Esa era su prioridad.
Esperó desde el otro lado de la c