Capítulo 67. Madre.
Ciertamente, la vida de todos estaba abocada a un final, sin importar la magnitud de sus riquezas o el poder que ostentaran.
Porque ante la inminente llegada de la muerte, las diferencias terrenales se disipaban por completo, dejando al descubierto que, en ese último tránsito, la igualdad prevalecía sobre cualquier fortuna acumulada, haciendo a todos iguales frente a su inexorable encuentro.
—Hijo mío, anhelo para ti una vida larga y próspera junto a tu amada. Que tu vida esté plagada de dicha