De forma repentina y sin aparente razón, una extraña inquietud aflora en él.
Con la mirada perdida y el ceño fruncido, Liah observa sus manos para comprobar esos temblores involuntarios que las sacuden; luego coloca la palma derecha sobre el pecho porque siente que el corazón le late con demasiada rapidez.
La angustia lo apuñala de manera dolorosa y sofocante.
De un impulso, se lanza por la ventana, y el aroma natural de Wendy inunda sus fosas nasales.
—No hay dudas, ella ha sido atraída por su