—Rosaline Winchester, está libre.
Al escuchar esto, Rose se levantó rápidamente y exclamó desdeñosa.
—¡Al fin! Ya era hora de salir de esta pocilga.
El policía que había llegado a liberarla resopló de fastidio y sólo se hizo a un lado para dejar que la orgullosa mujer pasara frente a él.
Cuando llegaron al área de recepción, Rose se entusiasmó al ver que ya la esperaba el asistente del señor Hong y, sin dar oportunidad a que el oficial pudiera detenerla, corrió hacia el hombre.
—¿Vino mi p