Al salir de la cafetería, Maddie estaba acostumbrada a colgarse del brazo de sus conquistas, por lo que Leo no fue la excepción y rápidamente se pegó a él. Esto tomó por sorpresa al tímido muchacho, que su rostro se tornó rojo ante el íntimo contacto.
—¿Qué pasa? ¿Te sientes incómodo? —preguntó la chica atrevida, que en el fondo disfrutaba poner en aprietos al chico virgen.
—¡No! —respondió Leo rápidamente—. No tengo problema en que estés a mi lado.
—¿Seguro? —cuestionó Maddie, mirándolo con