La puerta del salon se cerró tras la salida de los hombres, y el silencio del salón la envolvió como un manto. Andrea estaba de pie junto al sofá, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella. No había reproche en sus ojos, solo una curiosidad contenida que esperaba ser satisfecha.
—¿Quién te ha dado el aviso? —preguntó, con voz baja, pero firme.
Dalia lo miró un momento. No había razón para ocultarle nada. No después de todo lo que habían compartido. Sacó el móvil del bolsillo y se lo tend