El silencio en la habitación se rompió cuando Constantine guardó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta. Otto, que estaba revisando los planos de los almacenes, levantó la cabeza al notar el cambio en la postura de su compañero. Había algo en sus ojos, una chispa que no había visto en años.
—¿Qué pasa? —preguntó Otto, con voz controlada pero atenta.
Constantine se acercó a la mesa y dejó caer un teléfono móvil sobre los planos. Era un dispositivo viejo, de los que apenas se usan ya, con la