Punto de vista de Mariana
“Sí”, dije, demasiado rápido. “Michael está bien. Solo un… problema con la cuchara esta mañana. Ya lo solucioné”.
Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. “Lo solucionaste”.
“Sí”. Intenté sonar segura, pero bajo su mirada intensa y fija, me sentí transparente.
Se apartó del coche y dio un paso más cerca. El espacio entre nosotros se redujo, cargado de una energía repentina y palpable. Podía oler su aroma: jabón limpio, un ligero cedro y algo único y peligroso, suyo.
“