Punto de vista de Mariana
Lo miré fijamente por un segundo, sintiendo el peso del engaño en mi pecho. Luego lo dejé a un lado y seguí buscando.
—Sigue sin aparecer —dije.
—Sigue buscando —respondió Dimitri.
Cerré el cajón y me dirigí a los estantes. Libros. Cientos de ellos, ordenados por tamaño y color, con lomos uniformes y pulcros. Pero algunos estaban ligeramente fuera de lugar. Lo noté de inmediato: un libro se asentaba apenas unos milímetros por delante de los demás.
—Este —dije.
—¿Qué?
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