La marcha hacia el Templo de Nyx era silenciosa. Cada paso resonaba en la mente de los presentes como un recordatorio de las batallas recientes y las cicatrices que aún dolían. Afrodita observaba de reojo a Ethan, su postura rígida y su mirada fija en el horizonte. Aunque había demostrado una fuerza impresionante, seguía cargando un peso invisible que lo aislaba del resto.
Kael no estaba con ellos, pero su sombra parecía seguirlos. Aunque había desaparecido tras la batalla, su ausencia no traía