Las piedras comenzaron a moverse, girando lentamente en sus ejes como si obedecieran a una fuerza invisible. Cada giro resonaba con un eco profundo que vibraba en el aire, como un tambor que marcaba un ritmo primordial. Los símbolos tallados en las piedras brillaban intensamente, revelando un patrón en el suelo que parecía una figura geométrica viva, pulsando como un corazón.
—Esto no es solo un altar —murmuró Afrodita, retrocediendo un paso mientras sus ojos analizaban el patrón con creciente