La transición fue distinta esta vez. En lugar del suave flujo de energía que los había llevado al puente, Ethan y Afrodita sintieron un tirón abrupto, como si la fuerza del Orbe los arrastrara hacia su próximo destino con una urgencia inusual. La luz dorada que los rodeaba parpadeaba como un latido apresurado, hasta que, de pronto, el silencio los envolvió.
Cuando sus pies tocaron el suelo, se encontraron en un lugar que parecía respirar misterio. Estaban en un bosque denso, con árboles inmenso