La atmósfera parecía colapsar bajo el peso de la energía que emanaba del portal. Cada grieta en el altar brillaba con un fulgor que alternaba entre la luz dorada del Orbe y un negro abismal, como si las fuerzas del universo estuvieran librando una guerra en ese mismo punto. Ethan se mantuvo firme, con el Orbe vibrando en su pecho, su resplandor fluctuando entre estabilidad y caos. Cada latido del artefacto parecía un eco del sacrificio de Afrodita, resonando con la fuerza de su determinación y