El grupo avanzaba con pasos cautelosos por el sendero que el Orbe iluminaba con su resplandor fluctuante. La luz dorada proyectaba sombras en las paredes erosionadas de las ruinas, que parecían cobrar vida con cada paso, como si estuvieran observando a los intrusos en su dominio. El aire era denso, cargado con una energía que hacía que cada respiración pareciera un esfuerzo monumental. Afrodita caminaba al lado de Ethan, manteniendo una mirada vigilante tanto en el camino como en el brillo del