El Olimpo vibraba bajo el peso del ataque de las sombras, cada impacto contra sus defensas resonando como un trueno. Las figuras nebulosas, emergidas de la grieta en el firmamento, se arremolinaban con furia, alimentadas por la energía que se filtraba desde el dominio de Cronos.
Zeus lideraba el frente con su rayo alzado, sus ataques creando explosiones de luz que empujaban a los invasores hacia atrás. Hades, a su lado, desataba una energía oscura que devoraba a las sombras con igual eficacia.