El grupo avanzaba cautelosamente por el sendero rocoso. Cada paso parecía más pesado que el anterior, como si el aire mismo conspirara para detenerlos. Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando la niebla oscura comenzó a cubrir el terreno, moviéndose con una voluntad propia.
—Esto no es natural, —murmuró Lyra, su voz apenas audible mientras sus ojos escudriñaban las sombras.
Ethan colocó una mano sobre su pecho, donde la energía del Orbe comenzaba a pulsar con un ritmo irregular,