Por Oliver
Los ojos de Charlotte estaban sintiendo las lágrimas.
Pensé, cuando comenzó mi obsesión con hacerle pagar, de alguna manera, su indiferencia y su cero empatía, que el placer que sentía por verla llorar, aplicaría, de alguna manera, el dolor que sentía por la muerte de Sheryl; no obstante, no era así.
Las lágrimas de Charlotte, eran mis propias lágrimas y su sufrimiento me dejaba llagas en carne viva.
Todo se derrumbó dentro de mí.
-Nena… te am…
-¡No lo digas! Tus palabras no valen n