Capítulo 2 Primera lección

Por Oliver.

-Buenas tardes, señor.

-Buenas tardes, oficial.

Le dije con un tono de respeto.

-Le comento que vi todo lo que sucedió, antes que nada, quisiera presentarme, soy el Doctor Oliver Golden.

Mi nombre tal vez no le resulte tan conocido, pero la tarjeta de presentación que le extendí, tenía el logo de mis clínicas, que sí eran conocidas en toda la ciudad.

Si a eso le sumaba que se llamaban Clinicas Golden, no tenía que ser un genio para asociarme al menos, como uno de los directivos.

En realidad soy el CEO de esas clínicas, y mi mortificación es que, teniendo todo los procedimientos médicos a mi alcance, no pude hacer nada contra el cáncer que consumió a mi esposa en pocas semanas.

-¿Doctor Golden? ¿De clínicas Golden?

Perfecto, ya tenía su atención y me posicioné perfectamente para que mi opinión fuera muy importante para él.

-Efectivamente, si desea guardar mi tarjeta, puede hacerlo.

-Muchas gracias, señor.

Le sonreí amablemente.

-¿Usted vio que sucedió?

Me preguntó, aunque ya le había dicho que vi todo.

-Sí, la señorita pasó, imprudentemente, con el semáforo en rojo, el señor tuvo que frenar de golpe para no llevársela por delante, pero la clase de personas, como ella, que cree que por manejar una Ferrari y ser bella, tiene derecho a todo, no se conformó con que el hombre evitó chocar, frenó su auto, impidiendo que el tráfico avance, sin importarle para nada los compromisos de las personas que venimos circulando correctamente.

-Sí, señor… 

-Por otro lado, hasta a mí me ofendió como lo miró a usted por arriba del hombro, creyendo que podía manejar a un agente del orden.

La cara del policía era impagable.

-Es verdad, esa mujer se burla de todos.

-Tal cual, no sé como procede usted, porque si le quita el registro, seguramente llame a su chofer, debe tener varios, si le hace una multa, la paga sin inmutarse…

-Tiene razón.

-Encima pasa de la sonrisa a los insultos en un segundo, es una histérica que debe necesitar a un hombre que se imponga, aunque supongo que primero ella comenzará a gritar y a amenazar, diciendo que su familia es poderosa o algo por el estilo.

-Y si consideramos su auto, posiblemente sea así.

-Tal cual, aunque en este barrio, no es la única persona con ese tipo de auto y hay muchos que ya están impacientes por seguir circulando y no les importa quedar bien con una mujer así, porque hasta pueden tener más poder que ella, realmente, usted está presionado por muchos ciudadanos en este lugar.

-Tiene razón.

Dijo mirando a su alrededor, mientras que Charlotte seguía gritando y la gente, con bocinazos, demostraba lo molesta que estaba.

-Cómo usted dijo recién, no se la puede llevar de arriba y lo mejor es que lo acompañe a la comisaría y le haga firmar un acta.

Él no dijo nada de eso, pero la idea se la planté.

-Para que sea más formal y de paso le demuestra la clase de hombre que es usted, firme y que se hace respetar, incluso por una mujer como esa, que no es más que una niña malcriada, ni ella se salva de las cámaras que graban todo en las calles de la ciudad.

-Sí, es verdad y todos me tienen que respetar.

-Lo admiro, porque para que lo acompañe, va a tener que escuchar su pataleo… ¿Pero a quién no le gustaría dominar a esa mujer?

-Tal cuál…

-Le agradezco por como va a apurar la gestión con el tráfico, porque estoy llegando tarde a una consulta médica de un hombre muy importante.

-Claro, disculpe, ya me apuro.

-Ya sabe, en mis clínicas tenemos un gran convenio con los oficiales del orden.

-Gracias, señor.

-A usted por apurarse y sacarla del medio.

El policía se fue y escuché, en medio de los bocinazos, sus palabras.

-Señorita, he confirmado que pasó el semáforo en rojo, me va a tener que acompañar.

-¿Está loco?  ¡Yo no hice nada!

-Pasó en rojo y está deteniendo el tráfico.

-Mi papá lo va a poner en vereda a usted, no le va a quedar ganas de molestarme.

-Señorita, las cámaras de la ciudad funcionan para todos y usted no es la excepción.

-Yo…

-Tiene que firmar un acta de advertencia.

-Usted no sabe con quién se mete.

-No se lo repito, usted me acompaña, está impidiendo que circulen los vehículos y su padre no es la única persona  importante en la ciudad, mire a su alrededor, todos los automóviles son de alta gama por acá y está impidiendo que un médico vaya a ver a un paciente, sus problemas van a crecer sino me acompaña.

-¿Tengo que firmar un acta y listo?

-Sí, no puedo dejar pasar eso y es lo mínimo que corresponde, hasta le podría quitar el vehículo, o al menos el registro.

-Ok, lo sigo con mi auto.

Charlotte se vio acorralada.

-Le sugiero que no se desvíe, porque sino su auto tendría pedido de captura.

-Lo sigo, ya se lo dije ¿Es sordo?

Mi cuñada no puede dejar de lado su arrogancia y el oficial confirmó mis palabras.

Ella movió el auto y el agente del orden, se demoró unos minutos para ordenar la circulación.

Comenzamos a circular a paso de hombre, cuando pasé a su lado, le hablé al pasar.

-Excelente idea esa de hacerla esperar, usted es un hombre de verdad.

Pongo en su mente validaciones que él, seguramente, no había pensado.

Sigo circulando, no sin antes darle una mirada rápida, a la hermana de mi difunta esposa.

Era muy bella, eso no se lo puedo negar, pero su inexistente empatía, era más grande que su belleza.

Marqué a mi amigo y le hablé desde el bluetooth del auto.

-Amigo, espérame, que voy en camino.

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