Por Charlotte.
Estaba casi bien, pero no quería arriesgarme a pisar mal o torcerme el pie y perderme la inauguración de una discoteca que promete romperla.
Era eso lo que estaba necesitando, algo nuevo, un lugar donde divertirme hasta la madrugada, donde con mi grupo podamos hacer algún desmadre sin que estemos a la vista de todo el mundo, porque hasta en la terraza de la confitería, a veces nos tenemos que comportar.
Cuando vi a mi madre sonreír y mirar varias veces el reloj, ese que estaba en