Capítulo 3 Carcajadas

Por Oliver

Entré al bar dónde solía reunirme todos los jueves con mi amigo.

-¿Y esa sonrisa?

Preguntó por todo saludo.

En lugar de contestarle, solté una carcajada, creo que era la primera carcajada que me salía desde que falleció Sheryl.

-Debe ser algo muy bueno.

Insistió Luke.

-Me crucé con la insoportable de mi cuñada.

Le conté lo que sucedió.

-No sé como terminó, pero supongo que esta noche, cuando mi suegro lleve a Tatiana a casa, si hay novedades, me las contará.

Asintió con la cabeza y luego habló.

-Es increíble la excelente relación que mantienes con tus suegros.

-Se lo debo a Sheryl, y aunque fueron los peores padres, educando a Charlotte, siguen siendo los abuelos de mi hija.

-Lo sé, lo sé.

-No entiendo como las dos hermanas fueron tan distintas… 

Digo, pensando en voz alta.

Sheryl era la dulzura personificada.

Era amable, bondadosa, excelente madre, excelente hija, y una esposa modelo.

Era buena compañera, segura de sí misma, jamás me hizo una escena de celos ni nada que se le pareciera.

Teníamos una rutina clara, adorábamos a nuestra niña, éramos una pareja sólida.

El mundo se derrumbó a mis pies cuando mi esposa no sobrevivió, y aunque en mi conciencia, sé que hice todo lo que estuvo en mis manos para salvarla, siento que tuve que hacer más, por las noches, cuando recorría el camino de su enfermedad, siempre pensaba que se había escapado algo…

Se me escapó su vida de entre mis manos.

Fueron y siguen siendo tiempos muy difíciles.

Tanto para mí como para sus padres y si pienso en mi pequeña hija, me desmorono nuevamente.

Tengo el corazón hecho pedazos.

Perdí todo cuando Sheryl falleció.

Ella fue la mujer que elegí para compartir mi vida.

El nuestro no fue un amor apasionado, esos de película.

Fue un amor tranquilo, lleno de armonía, que proyectaban estabilidad.

Recuerdo cuando dormía en mis brazos, sentía que la estaba cuidando, protegiendo de algo…

Los médicos no nos llevamos por presentimientos, pero siempre sentí que la tenía que cuidar, porque presentía que su fragilidad no soportaría mucho de esta vida.

La amaba y hasta el día de hoy la sigo llorando.

Los ojos de mi hija me recuerdan sus ojos, aunque la mirada de Tati era más potente, más brillante y parecían tener más vida.

Sin embargo, eran exactamente del mismo tono.

Ambas me llevaban al cielo cuando me miraban.

-Apenas recuerdo a Charlotte.

-Es que desde los 16 años decidió estudiar en Europa y sus padres siempre accedieron a sus demandas.

-Con tu hija tienen esa misma actitud.

-Es verdad y eso me preocupa, porque pretendo criarla con más límites de los que mis suegros criaron a Charlotte.

-Solamente está con ellos los jueves por la tarde.

-Sí, pero cuando regresa a casa, a veces está más caprichosa o tiene exigencias que no corresponden a su edad.

-Piensa que es normal que la mimen, es su única nieta y es húerfana de madre.

Asentí con la cabeza y luego hablé.

-Por ahora lo estoy dejando pasar, pero en algún momento voy a hablar con Timoteo y con Liz.

-¿No estás exagerando?

-No lo sé, no quiero ser demasiado duro con mi hija, sé que extraña demasiado a su madre, yo también la extraño.

-Eso es lógico, tu hija va a cumplir cuatro años, es muy pequeña, aunque para extrañar a una madre, no hay edad, pero supongo que a esa edad es peor, porque no llegas a comprender lo que sucedió y no eres tan pequeña como para olvidarla.

-Sí… tal cual… es muy injusto que Sheryl no esté con nosotros, siento que la vida se equivocó, que no era ella la que tenía que partir.

No superé la muerte de mi esposa, son muchas las veces que me despierto sintiendo su presencia y también son muchas las veces que no quiero abrir los ojos al despertar, porque ella no va a estar a mi lado.

Se que mi pequeña hija siente el mismo dolor que yo, pero potenciado.

-Era muy joven, es verdad y era buena persona.

-Excelente en todos los aspectos.

Nunca me dominó la pasión al lado de Sheryl, pero jamás me faltó nada.

Extraño las mañanas a su lado, su paciencia para escucharme cuando le comentaba sobre algún caso médico o una situación en algunas de las clínicas.

No suelo nombrarla tanto cuando estoy con Luke, porque trato de hablar de otros temas, de mirar, aunque sea por un momento, hacia adelante.

Sonó mi teléfono.

-Hola Oliver, voy a dejar a Tati unos minutos antes, es que surgió un tema que…

No pude evitar sonreír.

Él no me veía.

-¿Qué sucedió?

-Charlotte tuvo un percance y está en la comisaria.

Miré la hora y me asombré, pensé que firmaría algo, que le hacían una advertencia y todo se terminaba ahí

-¿En la comisaría? 

Pregunté, queriendo parecer asombrado.

-Sí, esta chica me saca canas verdes.

Luego de unos segundo de silencio, que significaban que no aprobaba el comportamiento de su hija menor, hablé.

-Ok, ya salgo para casa, porque Tati se angustia si no me ve cuando llega.

-Disculpa, si estás con un paciente, puedo alcanzarla hasta el lugar en dónde estés.

-No es necesario, prácticamente estoy en camino a casa, creo que llego antes que tú.

Volví a reír con ganas.

-¿Sigue en la comisaría?

-Al parecer, se le complicó la declaración.

No soy vengativo, lo que mi cuñada estaba pasando, era sólo una pequeña consecuencia de sus acciones.

Me despedí de mi amigo.

Manejé pensando con que capricho nuevo me iba a encontrar al ver a mi hija.

No lo quería admitir, pero su personalidad me asustaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer, porque se parecía bastante a su tía.

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