Se quedó inmóvil, mirando la boca del soldado que traía la noticia. Le zumbaban los oídos y no lograba entender nada. Solo las palabras "cayó por un precipicio" y "no sabemos si está vivo" golpeaban una y otra vez su mente.
Se sentó despacio entre los restos del cuenco y la medicina derramada, sin moverse. Permaneció allí hasta entrada la noche y después hasta el amanecer.
Al atardecer del tercer día, Gabriel regresó al campamento cubierto de heridas y agotado. Había encontrado a Diego atrapado