Poco después llegaron noticias de la frontera. Gloria y Gabriel se habían casado en la residencia del general, una casa sencilla, pero acogedora, de la ciudad fronteriza.
Al terminar la ceremonia, comenzó a caer una nieve ligera, poco habitual allí. Los copos se posaban sobre el vestido de novia y el cabello de Gloria.
Ella levantó el rostro hacia la nieve y, por un instante, creyó ver de nuevo al príncipe de años atrás: aquel hombre que, en su primer encuentro en el palacio, la había mirado con