No dejaron de correr.
No porque tuvieran un plan claro, ni porque supieran hacia dónde iban exactamente, sino porque detenerse significaba aceptar algo que Bryan aún no estaba dispuesto a enfrentar. El bosque se abría ante ellos como un laberinto que ya no intentaba guiarlos, sino probarlos, y cada paso que daban parecía más pesado que el anterior, como si la tierra misma estuviera midiendo su resistencia, su voluntad de seguir adelante aun cuando todo indicaba que estaban siendo empujados hacia