Las lágrimas querían salir, pero Olivia se obligó a no hacerlo. No iba a darle más poder a Killian de seguir haciéndole daño, y mucho menos iba a darle el gusto de verla llorar por él. Su carrusel emocional iba a acabar con ella, puesto que no sabía si iba o venía.
Con una inclinación de cabeza la chica de la recepción del hotel la saludó, y ella agradeció que fuera de esa manera. Al entrar en su habitación dio un largo suspiro.
—Era más fácil cuando pasabas de mi, Killian —susurró, y al cerr