Valeria seguía recordando el mensaje de voz que apareció en su móvil ayer como una grieta silenciosa en una noche ya tensa:
Doctora Ríos… usted no me conoce, pero tengo información sobre la Fundación McNeil y su relación con las cirugías experimentales. Si quiere hablar, venga sola. Mañana. Nivel -2 del estacionamiento. Medianoche.
Valeria lo escucho tres veces. No tenía firma. No tenía adjuntos. Solo esa frase y una ubicación tan cliché como alarmante.
—Perfecto —murmuró con sarcasmo, bloquean