Helena, desesperada, intentó otra vez hacerse la débil y la inocente.
Pero ya era demasiado tarde.
Lucas se lanzó hacia ella y le agarró el cuello con una sola mano.
Las amigas de Helena pegaron un grito y salieron corriendo sin mirar atrás.
En segundos, el salón quedó en silencio, con ellos dos cara a cara.
—Helena —escupió Lucas entre dientes, con la voz cargada de rabia—. Me engañaste todos estos años, y de la peor manera.
Un recuerdo se le cruzó como un relámpago: la primera vez que la vio.