Mariana, al ver la escena, lo comprendió de inmediato. Frunció el ceño y murmuró:
—Director, será mejor que regrese al laboratorio.
Se dio la vuelta para salir, pero apenas llegó al pasillo, Lucas ya la había alcanzado y le sujetó la mano.
—Mariana, ¿por qué te escondes de mí?
Ella se soltó con calma y lo miró sin vacilar:
—No me estoy escondiendo.
Lucas insistió, con la voz cargada de ansiedad:
—¡Eso no es cierto! Apenas me viste, quisiste marcharte.
Si de verdad ya no sientes nada por mí, ¿por