Mariana siguió a Elsa hasta el hospital.
Al entrar en la habitación, se quedó helada: Lucas yacía en la cama, con el rostro ceniciento y la respiración débil, como si apenas se aferrara a la vida.
—¿Qué le pasó? —preguntó, atónita.
En la otra vida, Lucas había llegado a los cincuenta y tantos, hasta que un accidente en carretera lo había fulminado.
Pero ahora... ahora su cuerpo parecía haberse rendido mucho antes.
Elsa, con la voz hecha trizas, explicó:
—Desde que te fuiste, empezó a destrozarse