La mano de Mariana, con el tenedor a medio camino, se quedó congelada en el aire.
En la base aeroespacial la vida se suponía totalmente aislada: nada de contacto con el exterior para evitar cualquier filtración de información.
Pero todos sabían que era imposible mantener a los investigadores en un encierro absoluto. Sin un mínimo de internet, algo de entretenimiento o la posibilidad de hacer compras en línea, nadie aguantaría tanto tiempo.
Por eso había concesiones: podían leer noticias, hacer p