Lucas regresó a la universidad y se dirigió directo al despacho del profesor de Mariana.
—Profesor, necesito el contacto del instituto donde está Mariana. Tengo que traerla de vuelta.
El profesor lo miró desconcertado.
—¿Está bromeando, joven? Ese proyecto es de máxima prioridad nacional. No es ningún juego. Cada investigador fue elegido con pinzas, y una vez dentro no se sale porque a uno se le ocurra.
Lucas, que siempre había sabido controlarse, sintió cómo la impaciencia le trepaba por dentro. Su voz se endureció sin que lo notara.
—Usted no entiende. Mariana no quería ir en serio. Lo hizo porque discutimos hace unos días. Fue un impulso, una forma de desquitarse conmigo.
Estaba convencido de eso. Para él, Mariana seguía siendo la mujer que giraba a su alrededor, incapaz de dejarlo de verdad.
—En unos días se va a arrepentir —insistió—. Eso solo va a estorbar en el proyecto. Déjeme sacarla ahora, es lo mejor para todos.
Camilo lo observó con asombro.
—¿Cómo que en unos días? Mariana