Mientras tanto, en el salón de bodas los invitados ya iban ocupando sus lugares.
La boda unía a dos de las familias más poderosas de la ciudad, y nadie quería perderse semejante acontecimiento.
Pero tras bambalinas reinaba el desorden absoluto.
Manuel, el padre de Lucas, con el rostro desencajado, explotó:
—¡Lucas, dime que ya hablaste con Mariana! ¡En quince minutos empieza la ceremonia y si la novia no aparece seremos el chisme de toda la ciudad!
En Lucas se notaba la misma tensión.
Marcó de n