Lucas se quedó helado y, casi al mismo tiempo, soltó un suspiro de alivio.
Claro, estaba convencido: Mariana lo quería demasiado como para plantarlo el día de la boda. Seguro era otra de sus mañas para hacerlo sufrir un poco.
Con esa idea en la cabeza, hasta se sintió irritado, dispuesto a regañarla apenas apareciera.
Pero cuando levantó la vista y vio a la novia, se quedó sin aire.
—¿Helena? ¿Qué... qué haces aquí? —balbuceó, con la voz quebrada al verla vestida de blanco—. ¿Por qué llevas eso?